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| Teléfono: |
Dirección: |
PLAÇA SANT JAUME, Nº 1 |
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Barcelona -
08002 |
Web: |
www.bcn.es |
Email: |
bi@mail.bcn.es |
Fax: |
933 170139 |
Nº Habitantes.: |
1527190 |
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Resultados: |
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| Playas del Ayuntamiento: |
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No existen playas asociadas al Ayuntamiento
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| Información sobre el Ayuntamiento: |
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Barcelona, capital de Cataluña, es el segundo municipio en población de España, solo superado por Madrid. La institución que representa, gobierna y administra los intereses de esta ciudad es el Ayuntamiento de Barcelona.
Barcelona forma parte de Estado español, miembro de la Unión Europea, y tiene como máximos marcos jurídicos la Constitución española, el Estatuto de Autonomía de Cataluña y la normativa comunitaria. La constitución, norma básica que garantiza la convivencia democrática que caracteriza todos los estados integrantes de la Unión Europea, nace, entre otros aspectos, con la voluntad de establecer y consolidar un Estado social y democrático de derecho que vele por los derechos de la ciudadanía, y asienta una sociedad democrática avanzada. |
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| Un poco de Historia... |
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La Barcelona Romana
Los orígenes de la ciudad de Barcelona, que se han podido establecer gracias a los restos arqueológicos y las fuentes literarias y cartográficas, se remontan al siglo I a.C., cuando los romanos establecieron una pequeña colonia alrededor del monte Táber. Barcino entraba, así, a formar parte de la Hispania citerior, cuya capital era Tarraco.
En Cataluña las ciudades romanas eran pequeñas - a excepción de Tarraco- pero formaban una red densa bien comunicada que cubría todo el país. Unas se formaron sobre antiguos poblados ibéricos y otras, como es el caso de Barcelona, desplazaron el enclave indígena hacia zonas llanas de fácil defensa, o sobre posiciones claves entre dos rios en sitios elevados.
Por los alrededores de esta ciudad llamada Barcino se han encontrado también restos de antiguos establecimientos indígenas, incluso de la época del final bronce. En cambio, los restos de las dos murallas romanas muestran claramente que fue la colonia romana del monte Táber el primer núcleo urbano estructurado de toda la llanura. Un núcleo que se mantendría amurallado -con varios trazados- hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el plan Cerdà del ensanche derribaría las últimas murallas para iniciar la urbanización del resto de la llanura, donde habían prosperado otros núcleos urbanos como Sants, Gràcia o Sant Martí de Provençals.
La Barcelona Románica
En el largo periodo que va desde el siglo IV hasta el siglo XIII, Barcelona consolidó el núcleo urbano fundado por los romanos, iniciando una expansión que configuraría definitivamente el futuro de la ciudad. Después de sucesivas conmociones políticas y del alejamiento de la frontera con los musulmanes, Barcelona se vio fuertemente influida por el impacto del proceso de feudalización y por el creciente comercio marítimo, manteniendo y fortaleciendo su papel de centro político, religioso y comercial.
Los rasgos más significativos de crecimiento urbano están marcados por la aparición de los arrabales y de las "Villas nuevas" y, paralelamente, por el ennoblecimiento del interior de la ciudad.
Al final del siglo XIII la ciudad construyó una segunda muralla para proteger estos nuevos arrabales concentrados alrededor de la actual Santa María del Mar, allí donde se encontraban las "Villas nuevas" más activas de Mercadal, del puerto y de la acequia Comtal.
La Barcelona Gótica
Barcelona, como el ideal renacentista, surgió de la expansión medieval como una ciudad que había llegado a sus límites espaciales y que, en estos largos siglos de estancamiento, se disponía a ordenar su tejido urbano y, también, su tejido social.
Si las murallas del siglo XIII habían resguardado las "Villas nuevas" creadas fuera del recinto romano, a partir del siglo XIV Barcelona protegió, nuevamente con un tercer tramo de muralla los campos de cultivo del Raval.
En el interior del nuevo perfil urbano, cuando la corte se había alejado de sus puertas y el Mediterráneo se hacía pequeño frente al comercio del Atlántico, la Barcelona consolidada erigió la ciudad gótica alrededor del estructurado centro geométrico y político de la plaza Sant Jaume, mientras aparecía con fuerza la ciudad artesanal alrededor de Santa María del Mar, en el barrio de La Ribera, que convertiría a Barcelona en una ciudad de mercaderes, navegantes, comerciantes y profesionales. Era una ciudad participativa, corporativa y selectiva. Era la Barcelona de los gremios.
La Barcelona Neoclásica
El siglo XVIII inició y finalizó, en Barcelona, con dos acontecimientos bélicos: la derrota militar de 1714 en la Guerra de Sucesión y la guerra contra las tropas Napoleónicas en 1808.
Éste fue el siglo de la Ilustración, de las luces y del Despotismo Ilustrado. El siglo en que el filósofo alemán Immanuel Kant resumió como "atrévete a pensar por ti mismo" y en el que los cambios que acontecían en toda Europa cristalizaron en el estallido de la Revolución Francesa de 1789.
La Barcelona del siglo XVII vio como iniciaba, después de la derrota militar, un nuevo crecimiento económico impulsado, según ilustrados de la época como Antoni de Capmany, por la política de los Borbones, los gastos militares en la ciudad, la aparición de las fábricas de indianas y de algodón y la libertad de comercio con América. Era una ciudad aún amurallada y militarizada, donde se había levantado la fortaleza de la Ciudadella para protegerla y dominarla, y donde las reformas interiores llevaron a urbanizar el Raval y la Rambla y a embellecer las calles principales de la ciudad con fachadas y edificios de estilo neoclásico.
La Barcelona de aquella época era una ciudad en ebullición, una ciudad que empezaba a abandonar las antiguas formas de vida campesina y se disponía a ser una ciudad moderna y un centro industrial. Era el fin del Antiguo Régimen y el inicio del Capitalismo.
La Barcelona Modernista
Desde la proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812 hasta la República de 1873, Barcelona participó de las distintas convulsiones sociales y políticas que se vivieron en todo el Estado. Fueron años de alborotos, huelgas, tumultos, incendio de conventos, bombardeos y otras confrontaciones que denotaban las fuertes tensiones que convivían en la ciudad.
La ciudad pasó de capital de provincia en 1833 a ser gobernada por Juntas Provisionales y Revolucionarias y por Comités de Salvación Pública a lo largo del siglo.
A pesar de todo, la misma conflictividad de la ciudad apareció con nuevos cambios que la transformarían radicalmente, cuyos símbolos más evidentes fueron el derribo de las murallas, que aún resguardaban la ciudad, cosa que permitió el ensanchamiento, la agregación de las ciudades vecinas y la destrucción de la ciudadela militar para acoger la Exposición Universal de 1888. También se iniciaron en el interior del recinto amurallado las reformas urbanísticas dirigidas a solucionar la degradación y la falta de espacios públicos.
La ciudad industrial que era Barcelona -era "la pequeña Manchester"- inauguró el primer ferrocarril en 1848, efectuó las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y acogió la fundación de los sindicatos UGT en 1888 y CNT en 1910.
La "Febre d'or" de finales de siglo dio paso a compañías como la Transatlántica o Crédito y Docks y el renacimiento cultural acogió la restauración de los Juegos Florales y la emergencia del catalanismo político y de la creación literaria.
La Barcelona Novecentista
A principios del siglo XX, mientras el ensanche de Cerdà avanzaba de manera inexacta, Barcelona fue convirtiéndose en una capital de la vanguardia cultural, donde se experimentaban los nuevos avances científicos y técnicos en todos los ámbitos de la vida ciudadana. Una nueva generación de industriales y políticos ponían en marcha ambiciosos planes urbanísticos e industriales para convertir Barcelona en una metrópolis moderna, a la que llamaban la "grosse" Barcelona, aquella que en el año 1900 tenía un 40% de la población analfabeta y en el año 1920 un 18%. Iniciativas como la escolarización y la formación profesional, la atención a las nuevas necesidades del mercado o a los problemas de la vivienda fueron cuajando en la nueva ciudad, que construía los primeros trenes metropolitanos, electrificaba el tranvía, el alumbrado y los ascensores, y que daba los primeros pasos para convertirse en una ciudad rápida y vital, donde los medios de comunicación y el consumo masivo empezaban a reinar.
Era la Barcelona que fundó el Barça y el Espanyol, que urbanizó Montjuïc y el Tibidabo, y que se expandió hacia el este. Era la Barcelona de La ben plantada de Eugeni d'Ors.
Las barricadas y la quema de conventos de la Semana Trágica, el pistolerismo de los años veinte, la Segunda República, la Revolución y las bombas de la guerra dieron paso, en 1939, a una ciudad vencida, sin pulso ni memoria, que debería afrontar una larga posguerra.
La Barcelona Gris
Con el fin de la Guerra Civil española de 1936 Barcelona sufrió una fuerte ruptura con su pasado más inmediato, representado por las ambiciones y las ilusiones que habían rodeado a la República de 1931.
La vida cotidiana de la ciudad prosiguió durante los primeros años de la posguerra en los racionamientos y el estraperlo, y entre los cines populares y las fiestas de calle, para llenar los largos años de penurias y represión de la nueva dictadura.
Durante la década de los años cincuenta, la Barcelona rodeada de barracas y barrios periféricos vio cómo la diversificación industrial ponía en marcha complejos como ENASA -que sucedía a la antigua Hispano Suiza- o la SEAT, y cómo los Seiscientos o la televisión empezaban a invadir calles y hogares, respectivamente, mientras los grandes acontecimientos de la década quedaban sintetizados en la huelga de tranvías de 1951 en el Congreso Eucarístico del año siguiente.
A pesar de todo, la ciudad se extendía para definir un área metropolitana que abrazaba Barcelona y 26 municipios vecinos. Una metrópolis con un centro que se degradaba, unos barrios residenciales y comerciales, y una periferia creciente que daba paso a grandes polígonos como Bellvitge, Sant Idelfons, La Guineueta, El Bon Pastor o Les Cases del Congrés. Era la Barcelona que empezaba a protestar y que iba engullendo las nuevas olas de inmigrantes de manera caótica y monumental.
La Barcelona Olímpica
"Barcelona supo organizar unos grandes Juegos Olímpicos y se dio a conocer como ciudad acogedora y abierta. El espíritu de este gran acontecimiento deportivo enlaza a la perfección con la tradición cálida y hospitalaria de esta ciudad mediterránea."
Palabras del entonces alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, uno de los principales protagonistas y artífices de este acontecimiento histórico que significó una profunda renovación de la ciudad y del cual todos los ciudadanos y ciudadanas de Barcelona guardaremos siempre un grato y emocionado recuerdo.
La proclamación de la ciudad de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992
El origen de la candidatura de los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna, celebrados en Barcelona, tuvo lugar en Enero de 1981, con el anuncio hecho por el alcalde de la ciudad Narcís Serra, al presidente del Comité Olímpico Internacional, Joan Antoni Samaranch.
Barcelona obtuvo la nominación el 17 de octubre de 1986, en la sesión plenaria del COI celebrada en la ciudad suiza de Lausanne.
Ese mismo día gran número de ciudadanos se concentraron espontáneamente en la plaza Catalunya para conocer el nombre de la ciudad que había de ser designada sede de los Juegos Olímpicos de 1992. La pantalla gigante que retransmitía la ceremonia de proclamación de la ciudad de Barcelona como sede de estos juegos fué la gran protagonista de este momento histórico.
La Barcelona 2000
Barcelona del 2000, ciudad heredera de los Juegos del 92, ciudad transformada para recibir dignamente este acontecimiento internacional, en la cual el esfuerzo realizado por llevar a cabo esta transformación ha permitido superar limitaciones existentes de épocas anteriores y ha significado la obtención de mejoras cuantitativas y cualitativas en sus servicios y en su entorno.
La Barcelona que ahora podemos ver y de la cual podemos disfrutar es una nueva Barcelona, mediterránea según su tradición, que vive de cara al mar y es totalmente abierta a otras culturas y pueblos, que da y recibe, que se hace rica y enriquece.
Pero la Barcelona del 2000, en su transformación, no ha perdido el enlace con su historia en la que muchos siglos de diversidades culturales han sido la base firme para que las innovaciones de la modernidad dieran luz a una ciudad irrepetible y con personalidad propia.
La Barcelona del 2000 es una capital europea con energía cultural y de progreso, capaz de reunir en su vida cotidiana, y al mismo tiempo, todas las facetas imaginables de las más diversas actividades, que son el potencial que la ha hecho llegar hasta donde está. |
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| Información Turística: |
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A raíz de la apertura de la ciudad en el mar, que se inició durante la década de los años 80, la fachada marítima se ha convertido en uno de los espacio para el ocio y el ocio más concurridos de Barcelona, desde el Muelle de la Madera y los alrededores del Palacio de Mar hasta la Rambla de Mar y la zona del Puerto Olímpico. Además, las playas de Sant Sebastià, la Barceloneta, Nueva Icària, Bogatell, Mar Bella y Nueva Mar Bella, que en conjunto tienen más de cuatro kilómetros de longitud, reciben anualmente cerca de siete millones de visitantes y disponen de todos los equipamientos y servicios necesarios para disfrutar de un buen día de playa
Por otra parte, y en el marco de las actuaciones urbanísticas que se están desarrollando en el Litoral del Besós, Barcelona ganará en nuevas zonas de esparcimiento. En este sentido, podrá disfrutarse del nuevo zoo marino, de dos extensiones verdes con diversos usos y de una nueva zona de baños, ubicada en terrenos recuperados en el mar, que se ha diseñado con el objetivo de generar una extensión de aguas tranquilas, lo que la diferencia de las playas convencionales.
Además de la apertura al mar y la proyección internacional de la ciudad, la principal herencia que dejaron los Juegos Olímpicos en Barcelona fue la construcción de las rondas, que lograron descongestionar el tráfico del centro urbano. La ronda de Dalt y la ronda Litoral se integraron en el mapa de vías rápidas de Barcelona, formado principalmente por la Gran Via, la Diagonal, la ronda del Mig y la Meridiana. En algunos casos, estas vías transcurren entre zonas de gran concentración demográfica, lo que ha provocado movilizaciones ciudadanas para solicitar la cobertura de algunos de sus tramos. Estas actuaciones, allí donde han sido posibles, cumplen un doble objetivo: la reducción de la contaminación acústica y la creación de nuevas zonas verdes y de convivencia para los barrios.
El recorrido por las principales actuaciones de cobertura empieza en el distrito de Nou Barris, en la misma salida de la estación de metro Canyelles (L3). En este tramo, la cobertura de la ronda de Dalt ha permitido ganar una superficie ajardinada y un espacio de equipamientos deportivos, destinados a la práctica del patinaje con monopatín y el baloncesto. Esta actuación también ayudó a revitalizar una zona marcada por la presencia del Mercado de Canyelles y el parque de Josep Maria Serra i Martí, que proporciona una valiosa zona de paseo en medio de un polígono de viviendas. Estructurado de forma escalonada, la joya del parque es su fuente, situada frente a una escultura que reproduce la figura de una bailaora de flamenco sobre un escenario circular. La escultura se titula Alegría y es un homenaje a María Ángeles Rivas, que desde las asociaciones de vecinos del barrio luchó por mejorar los equipamientos y servicios del barrio de Canyelles. La presencia de este símbolo flamenco refleja también el elevado número de emigrantes procedentes de distintas partes de España que se concentran en el barrio.
Barcelona es verde. La ciudad que quiere a sus ciudadanos cuida de sus parques y jardines. La riqueza de nuestros espacios ajardinados es también un signo de calidad de vida, y los vecinos y vecinas de Barcelona aprovechan su tiempo libre para pasear y disfrutar de estos espacios. Las zonas verdes de la ciudad están catalogadas como jardines históricos (13), jardines temáticos (5), parques urbanos (36) y parques forestales (7). Cada uno tiene su historia mayor o menor, sus rincones tranquilos y sus curiosidades botánicas.
Los parques son lugares para pasárselo bien, disfrutar del deporte, leer el diario o un buen libro, pensar, admirar la naturaleza, conversar con un amigo, festejar... Sin embargo, hay parques especialmente interesantes para llevar a cabo cada una de estas actividades. Ésta es una propuesta para descubrir algunos de los mejores parques de Barcelona.
Además de los cincuenta parques que tiene Barcelona, a partir del Fórum de las Culturas 2004, hay que añadir el parque de los Auditorios. Este parque está configurado por cinco grandes dunas artificiales y dos grandes auditorios con capacidad para diez mil y cuatro mil personas. Ha sido proyectado por el arquitecto Alejandro Zarea. Casi ciento ochenta mil baldosas con forma de media luna forman este espacio abierto.
Para dar un paseo nocturno por Barcelona sólo hace falta escoger las opciones más adaptadas al gusto de cada uno de entre las múltiples opciones de ocio que ofrece la ciudad. Para empezar, se puede visitar una de las muchas champañerías o coctelerías de la ciudad. La noche, sin embargo, también puede empezar en un buen restaurante, escogiendo las especialidades culinarias preferidas de entre la amplia oferta existente, que incluye platos típicos de multitud de países, además de la típica cocina mediterránea.
En el momento de escoger una buena sesión de baile se puede recurrir a una amplia variedad de discotecas, bares musicales y salones de baile repartidos por toda la geografía urbana. Para quienes quieran disfrutar de la música sin necesidad de mover el esqueleto lo mejor es optar por salas que ofrecen música en directo casi cada día y de todos los estilos, desde el jazz y el blues hasta la música africana, la clásica y el flamenco. Los visitantes que sientan la necesidad de expresar su vertiente musical en público pueden atreverse con un karaoke. Tampoco hay que olvidar otras áreas de la noche barcelonesa como el teatro, el cine.
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| ¿Cómo llegar? |
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El mar Mediterráneo acaricia la costa de la ciudad de Barcelona, mientras que la cordillera de Collserola protege la ciudad por el lado oeste con un paisaje de bosques muy diverso, con cultivos, prados secos, pinares, encinares y vegetación de ribera.
La capital catalana, situada a 166 kilómetros de la frontera con Francia y a 120 kilómetros del sur de los Pirineos, está delimitada por dos ríos: el Llobregat por el sur y el Besòs por el norte.
El llano de Barcelona más próximo a la cordillera litoral se encuentra salpicado de pequeñas colinas (Monterols, el Putget, el Carmel, la Rovira y la Peira), y antiguamente había muchas rieras y pequeños pantanales. Cerca del litoral se levanta la montaña de Montjuïc, con una altura de 191,7 metros.
Barcelona, que tiene una superficie de 100,4 kilómetros cuadrados, forma parte de la comarca de El Barcelonès, junto con Santa Coloma de Gramenet, Badalona y Sant Adrià, en el norte, y L'Hospitalet de Llobregat, en la frontera sur de la ciudad.
El clima de Barcelona es de tipo mediterráneo, con veranos cálidos y húmedos, e inviernos con un frío moderado, con más precipitaciones hacia el otoño y la primavera. La temperatura media anual según el Observatorio de Can Bruixa del año 2005 ha sido de 17,6 grados. |
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